Introducción

Tal vez este no sea más que uno entre tantos blogs literarios que existen. Sin embargo cualquier intento por difundir la cultura se justifica por sí solo, sin importar su originalidad o falta de ella.

En este blog podrás leer poesía, narrativa y dramaturgia de diversos autores. Encontrarás letras de canciones, frases célebres, ensayos sobre cultura y literatura, biografías de los más destacados artistas, y más. También podrás leer y criticar mi propia obra. Y, como si fuera poco, podrás encontrar ejercicios de producción literaria, por si a vos también te pica el bichito de la literatura.

Ahora, a disfrutar del blog...

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17 de noviembre de 2009

Poema (Alejandra Pizarnik)

A Alejandra Mocayar,
porque sé que vas a disfrutar leyendolo.
(Dedicado por el administrador del blog)


Tú eliges el lugar de la herida
en donde hablamos nuestro silencio.
Tú haces de mi vida
esta ceremonia demasiado pura.
Pizarnik, Alejandra. Antología Poética.1ra. ed. Buenos Aires : Cántaro; 1997. ISBN 950-753-027-4

La Jaula (Alejandra Pizarnik)

A Rubén Vela (dedicatoria original de Pizarnik)

A Alejandra Mocayar,
gran lectora de los poemas de Pizarnik.
(humildemente dedicado por mí)

Afuera hay sol.
No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

Yo no sé del sol.
Yo sé de la melodía del ángel
y el sermón caliente
del último viento.
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte se posa desnuda
en mi sombra.

Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche
y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis suelos enfermos.

Afuera hay sol.
Yo me visto de cenizas.
Pizarnik, Alejandra. Antología Poética.1ra. ed. Buenos Aires : Cántaro; 1997. ISBN 950-753-027-4

15 de noviembre de 2009

Carne (Federico Stevanato Aduz)

Después del show de los mudos,
del rapiñeo sintético de los dormidos,
del mórbido silencio de los sicarios,
luego del paseo del cisne
por los oxidados jardines de Babilonia...

Luego del después,
después del luego,
la luz, perdiendo aceleración,
abandona con un solo movimiento de sus dedos
toda idiosincracia de objeto metafísico.

Después... luego,
una mujer-jirones
me lanza sin premoniciones baratas
su queja
que ya huele a carne podrida.
Stevanato Aduz, Federico Rubén. El bicicletero. Inédito. 2008.

14 de noviembre de 2009

Instrucciones para dar cuerda al reloj (Julio Cortázar)

Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto en su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.
Cortázar, Julio. Historias de cronopios y de famas. Un tal Lucas. 1ra. ed. Buenos Aires : Alfaguara, 2004. ISBN 950-511-965-8

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj (Julio Cortázar)


Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapdrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a tí te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Cortázar, Julio. Historias de cronopios y de famas. Un tal Lucas. 1ra. ed. Buenos Aires : Alfaguara, 2004. ISBN 950-511-965-8